Salir de la zona de confort – 11

Capítulo 11. (09 Julio)

Anoche me acosté más tarde lo habitual, y me tenía que levantar igual que siempre, a las 7, porque aunque fuera domingo, aquí la amiga trabajaba. Que vamos, que llevaba currando desde el martes y no había visto ni un día libre. Así que a las 7.55 estaba yo ya en la cafetería, con mi ropa de trabajo y haciéndome un cafe laaaargo. En esas que me ve el jefe y me dice “Buenos días, nadie te ha dicho que hoy era tu día libre?” Imagínate mi cara. Primera noticia.

Subo a hablar con la tipa de recepción, que me había dado los buenos días previamente pero se le había olvidado mencionar cierto detalle. El caso que al final, como los domingos son muy jodidos, decido quedarme pero con la condición de que ese día libre me lo pasen al domingo que viene. (Que tengo muchos planes en Tittmoning / Fridolfing). Y ya que estoy  en el plan, me llevo una alegría de buena mañana: el lunes libro! YUJUUU! y también el viernes, y ahora también el domingo!! y encima de housekeeping solo estaré el miércoles, el resto de días estaré en servicio. A ver que tal se me da.

Ya he vivido un domingo como housekeeping y ha sido… mortal! Cuando normalmente tenemos un rato para descansar y terminamos a las 16.30, este día hemos terminado a las 18.30! y apenas hemos parado. Ha sido horrible. Me llevé el móvil en el bolsillo, y la App de Fit me calculó el recorrido: 8.615 pasos, equivalente a 2,8 km y 1.404 calorías quemadas. Pero eso sólo fue el desplazamiento de un sitio para otro, de habitación en habitación… pero la cantidad de sentadillas (agacharme xa recoger la mierda del mundo, pasar la aspiradora, limpiar cristales..) y los ejercicios de brazos no me los cuenta.

Fue sencillamente una mierda de día.

Pero quiero aprovechar este capítulo, para dar las gracias a: el cliente que un día se dejó una botella de fanta de naranja sin abrir en el frigo (gracias, estaba fresca y rica, justo como a mi me gusta, lo necesitaba), a ese cliente que se dejó unos mini packs individuales y sin abrir de filadelphia (no veas lo bien que me vienen, y que rico!), a la que se dejó sus botes de acondicionador y gel de alta categoría (me has ahorrado un viaje al Edeka), la familia que se dejaron un bizcocho (mi compi y yo lo disfrutamos con gusto y pudimos hacer una pausa sentadas durante unos minutos), y en especial, a ese amable cliente que dejó una propina para las limpiadoras (me has devuelto la fe en la raza humana del sector rico).

Y para terminar, a las 18.30 cuando llegué a casa me di un baño como hacía años que no me daba. Mucha agua, mucha espuma, con música de fondo y yo cantando y dejándome estar en paz.

 

He aquí una de las canciones que canté en la ducha y que me encanta.

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