Salir de la zona de confort – 1

Me voy a Alemania. Me voy a trabajar 2 meses a un hotel en un bonito pueblo alejado de todo cuanto conozco. Alejada de mis amigas españolas emigrantes que llevan ya más de 4 años en Alemania, alejada de la familia que reside aquí. Quiero vivir mi experiencia, mi propia aventura. Quiero ver que tal se me da la vida sin ayuda, mi propio apartamento, un trabajo en el que no me hablan en español, y en el que yo sola me tengo que sacar las castañas del fuego. Conclusión: quiero y necesito salir de mi zona de confort.

Capítulo 1. (28 Junio)

Después de un buen vuelo en el que lo paso casi por completo dormida, llega un aterrizaje atormentado: 20 minutos o más tragándome la rabieta de una niña o niño (no sabría decir) alemán.

Por fin llego a München Flughafen. Después de hacer un poco de tiempo y dar un volteo, 1h45min, me cojo el primer tren (1/3). Y aquí empieza mi aventura. En el transcurso del trayecto recuerdo mi afición a las fotografías a través de los cristales del tren. Ante la mirada extraña del pasajero que tengo en frente, me dedico a hacer fotos: a veces al paisaje, a veces a la vía, y, en mi fuero interno sólo deseo que el otro se duerma para hacerle una foto a su reflejo. (O por qué no, a él mismo).

 

Mientras, me sigo peleando con mi roaming mientras pido al universo que por favor no tuviera que validar mi billete de tren. Que todo esté bien, por favor. Que lo haya hecho bien. No quiero comerme un marrón de multa por ignorante.

Mi acompañante no se duerme, sino que saca su billete y lo mira con preocupación. Preocupación que me transmite. Al final viene la revisora y… Uf. todo bien. Menos mal.

Miro la pantalla que indica las paradas … ¿me habré equivocado de tren? Nueva preocupación.

Tras haber “robado” varias fotos a otros pasajeros, observo como mi compañero de en frente me sigue mirando extrañado. Doy gracias de estar haciendo fotos con el móvil y no con la réflex. Parece majo, aunque también se extraña de que escriba en mi libreta. Yo y mi cámara. Él y su Kindle.

 

A la derecha tengo otro chico que parece majo. A él le robo varias fotos. Curiosos tatuajes: una pincelada azul en el brazo (que parecía que fuera pintado con un fosforito azul), y una batidora (de las alemanas) en el tobillo. Curioso cuanto menos. Él es más tradicional, no tiene Kindle, sino libro de papel y pegatinas de colores para indicar las frases que le gustan. La próxima le echo morro y le pregunto..

 

Bajo en Mühldorf, era el tren correcto. Ahora a por el último tren. 3/3. El chico de los tattoos curiosos se sube conmigo, cada cual en un vagón distinto.. así no llamo la atención con mi búsqueda de fotos. Pocos robados aquí, más selfies para mi, (para la que no le gustan los selfies)

 

Llego ya al final de mi destino. Tittmoning. De nuevo aquí. Parada de unas pocas horas para ver a mi gente, a mi querida Ju, y luego se une mi querida “Charlie”. Termino el día con una cervecita en muy buena compañía.

¿Y mañana?

 

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